Mariano Melgar Y El "yaraví"

Hay una leyenda más, relacionada no con la biografía sino con la obra poética de Melgar. En un artículo publicado en Arequipa en el supuesto y equivocado centenario del nacimiento del poeta, Gerardo Holguín contó que, según los recuerdos familiares, todos los papeles que de él quedaron los guardaba su hermana Josefa en una petaca de las que se usaban en ese entonces. "Al confesarse con un cura de Santa Marta, le preguntó por los versos de don Mariano Melgar, y, al saber que los tenía, le mandó quemarlos, diciéndole que estaban prohibidos porque hablaban de amores"1 . Para confirmar la tradición, Holguín le escribió a un sobrino del poeta, José Moscoso Melgar. Y éste le contestó: "Es también cierto que, muertos los padres de Melgar, la hermana mayor de los que entonces vivían en la familia, algún tiempo después del sacrificio de aquél, quemó sus papeles, siendo natural suponer que así se extinguiesen todos o muchos de sus trabajos, y si no sucedió lo mismo con las poesías, por lo menos en parte se debe eso a las copias que sus amigos tomaban de sus borradores, lo que se explica por la falta de imprenta en ese tiempo"2 .

La anécdota tiene aspectos románticos, es bastante imprecisa la distinción entre "papeles" y "poesías", pero aunque evidentemente exagerada es en el fondo verosímil. Fusilado Melgar, muertos sus padres, sin destino o esparcida la prole de los dos matrimonios de don Juan de Dios, en miseria o aun en "ruina" su casa3 , es posible pensar que los papeles de Melgar se perdieran, o se rompieran, o hasta que se quemaran. Don Francisco García Calderón, tan afectuosamente ligado a la familia y a quien tanto se debió la recopilación y la edición oficial de las Poesías, se lamentaba en 1865 de la imperfección de los manuscritos conservados y alcanzaba a decir que "no ha llegado hasta nosotros ningún autógrafo suyo"4 . En vida de Melgar, como se ha visto, sólo se publicaron sus poesías en loor de Baquíjano en 1812 y la fábula El ruiseñor y el calesero en un número de El Investigador de Lima de 1813. Fue sólo doce años después de su muerte en Umachiri cuando su hermano Juan de Dios, que se hallaba entonces en Ayacucho como teniente coronel graduado y ayudante de Plaza y de la Prefectura, dio a la imprenta la Carta a Silvia; y ese mismo año de 1827 empezaron a publicarse las "fábulas políticas" en El Republicano de Arequipa: Los gatos, El murciélago, El cantero y el asno, Las abejas, El asno cornudo; a las que siguieron El ciego, el sordo y el mudo y Las cotorras y el zorro en 1830, y Las aves domésticas en 18315 . En el mismo año 1831 aparecieron también en El Republicano las odas de Melgar Al autor del mar, A la soledad, Al sueño y En la primera elección constitucional del Ayuntamiento (más conocida como A la libertad), así como la traducción del Salmo XIII y las llamadas Rimas provenzales6 . Se publicaron también por primera vez tres "yaravíes", con el título genérico de Canciones; los que comienzan: "Todo mi afecto puse en una ingrata", "Dondequiera que vayas", y "Vuelve, que ya no puedo"7 .

La difusión de la obra poética de Melgar era así ya abundante en esos años, pero la ocasión del traslado de sus restos, en la inaguración del nuevo cementerio de Arequipa, acentuó aún más ese interés. El Republicano recogió en su edición del 27 de setiembre de 1833 la crónica detallada de la ceremonia, y el compañero dilecto de Melgar en la literatura y en la lucha patriótica, José María Corbacho, le dedicó un poema emocionado:

¡No me fue dado respirar ansioso
por la postrera vez junto al amigo,
que unido en dulce vínculo conmigo
en la niñez viviera,
que en mi estudioso afán me acompañara,
y que conmigo contra sí mirara
de la persecución la mano fiera!...8

Y con la misma emoción del momento apareció en ese año de 1833 en Arequipa, en un opúsculo de 44 páginas, la traducción del Arte de olvidar o Remedio de amor de Ovidio, que ya había sido anunciada en el prólogo de su opúsculo anterior: la Carta a Silvia9 .

La difusión traspasó las fronteras. En 1858 F. Dabadie tradujo al francés, y publicó en su libro A travers l´Amérique du Sud, la poesía de Melgar: "Vuelve que ya no puedo..."10 . En 1862, en el tomo I de la Geografía del Perú de Mateo Paz Soldán (obra póstuma, porque Paz Soldán había muerto en 1857), apareció también, y al parecer por primera vez con el nombre específico de "yaraví", la bella canción de Melgar que comienza: "¿Con que al fin, tirano dueño?"11 .

Tres años después, al conmemorarse cincuenta años del fusilamiento en Umachiri, se proyectó reunir en un volumen las composiciones poéticas de Melgar. La obra no pudo realizarse hasta 1878, en una elegante edición con pie de imprenta en Lima, pero hecha en Nancy, Francia, y en la que con un riguroso criterio selectivo se incluyeron cinco elegías, cinco odas, cinco fábulas, diez yaravíes, dos sonetos, tres traducciones (entre ellas el Arte de olvidar) y la Carta a Silvia12 . Las novedades mayores fueron las Elegías (cuya existencia se anunciaba en el prólogo de la edición ayacuchana de la Carta a Silvia) y seis yaravíes que se sumaban a los ya conocidos13 .

Desde entonces las poesías de Melgar, auténticas, posibles, o erradamente atribuidas, se han repetido numerosas veces en cancioneros y en antologías. En 1889 la Lira arequipeña publicó doce yaravíes (de los cuales cinco antes no impresos)14 y la célebre décima "La cristalina corriente". En 1891, cuando se conmemoró equivocadamente el centenario del nacimiento de Melgar, La Bolsa de Arequipa reprodujo varias composiciones, con diversas variantes, y dio a conocer por primera vez una octava con versos italianos, otra octava con quejas de "Silvia", la fábula El Sol y dos composiciones en honor del teniente general Juan de Henestrosa15 . En la colección arequipeña que fue apareciendo en varias series con el galante título de Mistura para el bello sexo se publicaron, entre muchos "yaravíes antiguos y modernos", siete hasta entonces inéditos de Melgar16 . Otra colección popular, El Cancionero Mistiano, publicó a su vez unos cuarenta "yaravíes", la mayor parte atribuidos a Melgar y otros de autores varios; entre ellos, el después difundidísimo Delirio: "Dime, mi bien, hasta cuándo..."17 . En El Pueblo de Arequipa, en 1915, cuando el centenario del fusilamiento de Melgar, Francisco Mostajo, ilustre conocedor de la vida y la obra del poeta, publicó varias composiciones que por lo poco repetidas pudo titular Poesías desconocidas de Melgar y dos sonetos y una octava en loor de Henestrosa18 . Por su parte, la revista Arequipa ilustrada publicó en facsímil una décima con la traducción del "Docebo malignos vias tuas"19 .

Interés muy particular tiene el hallazgo de una pequeña obra de música eclesiástica, encontrada por el investigador Arndt von Gavel en el Archivo de la Sociedad Musical de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, de Arequipa, al lado de cuya parte musical se halla la letra, atribuida a Mariano Melgar y titulada Miserere, que hace suponer la existencia de otras composiciones semejantes20 .

En los últimos tiempos, además, se han descubierto o reproducido manuscritos antes no sospechados. Los más antiguos son: las Poesías de don Mariano Melgar. Cuaderno 1.º, hoy propiedad (de la Universidad del Pacífico por donación testamentaria de Pedro Benvenutto Murrieta) de Cuaderno 2.º, en la Biblioteca de la Universidad de Indiana, en los Estados Unidos; este último, como ya se ha indicado, con anotaciones y firmas autógrafas de Melgar y con cinco poesías inéditas, entre ellas la vibrante Marcha patriótica21 . Poco posterior es el manuscrito que perteneció "al señor don Martín Ureta, alumno del Colegio Nacional de Puno", cuyas composiciones antes no conocidas –y no todas seguras en su atribución– fueron reproducidas por Pedro José Rada y Gamio en su libro póstumo Mariano Melgar y apuntes para la historia de Arequipa22 . De fecha no indicada, y sin nombre de autor, es el copioso manuscrito de propiedad de Patricio H. Ricketts, con cien composiciones repartidas en una sección de décimas y glosas y otra de "yaravíes" y otros versos, una gran parte de los cuales son evidentemente de Melgar. Tampoco tiene fecha otra colección manuscrita, de propiedad de Alberto Tauro, con una anotación muy significativa: "Copiado de la colección de un aficionado de Chuquibamba". Edgardo Rivera, por su parte, ha recogido de un cuadernillo de poesías legado por Léonce Angrand a la Biblioteca Nacional de París, siete composiciones, atribuibles algunas a Melgar y otras marcadamente influidas por él; dos de las cuales podrían considerarse "yaravíes". El cancionero manuscrito es tardío, porque, como opina Rivera, las poesías han debido de ser transcritas entre 1835 y 1838, cuando Angrand se hallaba de vicecónsul francés en el Perú, pero tiene el interés de su indudable acento "melgarino"23 .

Con todo ello se registra una abundantísima colección de poesías auténticas de Melgar, y fundada o infundadamente a él atribuidas, que permitieron a la Academia Peruana de la Lengua publicar un nutrido volumen con el título de Poesías completas. A diferencia de la edición de Poesías de 1878, donde, según la "Introducción" de Francisco García Calderón, se prefirió reducir el número a sólo 31, por el "especial cuidado de separar todas las obras apócrifas o de dudosa autenticidad", la edición de la Academia ha escogido un sistema contrario. En ella se reúnen 182 composiciones; de las que por cierto, como se aclara en la "Presentación", la mayoría han sido indudablemente escritas por Melgar, otras son muy sólidamente atribuibles, otras por fin dudosas, o discutibles, o de otros autores coetáneos, pero que a pesar del riesgo del error tiene el indudable interés de que se hallan dentro del mismo espíritu de Melgar o reflejan el tono literario de una ciudad, un país y una época24 .

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